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La gran improvisación

Por un lado tenemos en el Subte un conflicto de larga data con un sindicato al cual el Gobierno Nacional no termina de oficializar otorgándole la personería gremial y convirtiéndolo en un grupo de extorsionadores profesionales, sin voz ni voto en las tan reclamadas paritarias.De fondo, la gran pelea (con un acuerdo firmado, que ahora se quiere desconocer) entre Nación y Ciudad acerca de quién se hace responsable político y económico del Subte, un servicio público que como en todas las grandes ciudades da pérdida (si no le sumamos los negocios satélites, sí mucho más rentables).
Mientras tanto, el SUBE, un sistema de pago electrónico que sigue demostrando enormes falencias, como por ejemplo, dónde cargar crédito a las tarjetas: los boleteros de la mayoría las líneas ferroviarias no hacen, ya sea por no tener los medios (cuentan con lectoras, pero los aparatitos no están programados para la función de recarga) o simplemente por una razón más entendible en este contexto de gremios con poder de joder al pasajero: más plata para realizar una tarea no especificada en el convenio colectivo de trabajo. Cosa que ni el gobierno nacional ni las concesionarias lograron tener la brillantes de negociar en ninguno de los aumentos acordados con la Unión Ferroviaria -sí, el gremio que tiene su titular preso por una causa de asesinato sindical- desde que la presidenta anunció el sistema en febrero de 2009 (había dicho que se implementaría en 90 días). 
Sumen piquetes, algún suicida en las vías del tren, y cientos de automovilistas que se creen pilotos de Formula1 o aquellos que no encuentran mejor lugar para descargar tensiones que manejar como se les canta.