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26 de junio de 2018

BiciActivistas rusos en Buenos Aires


Mientras que toda la atención (y tensión) pasaba por Rusia y el desempeño de la Selección, en Buenos Aires yo me encontraba con 3 jóvenes rusos que, muy lejos de su Moscú natal, recorrían y admiraban la Ciudad de Buenos Aires.

Vladimir Kumov, Nadja Zherebina y Olga Korchagina son "BiciActivistas" que integran Let´s Bike It!, una ONG que promueve el uso de la bicicleta en Rusia, que tiene inviernos con temperaturas que están aún más abajo de los 20° bajo cero. El cálido invierno porteño con 7° es un placer para ellos, pese a que acaban de llegar de Río de Janeiro donde participaron de Velo-city, el principal encuentro internacional de planificación sobre movilidad urbana.
Nos suele ocurrir a los argentinos que al viajar nos maravillamos con las opciones de transporte público y la infraestructura que vemos en otras ciudades del mundo, pero casi nunca reparamos en lo que se ha avanzado en Buenos Aires al respecto (es más o menos como ocurre con los museos: levanten la mano los que recorrieron el Louvre en Paris, pero jamás pisaron Bellas Artes en Recoleta).

Vladimir conoció nuestra ciudad en 2009 cuando apenas comenzaba el proyecto de las ciclovías
protegidas en las calles porteñas. Hoy la red de carriles exclusivos para ciclistas supera los 200 km, existe un sistema gratuito de alquiler de bicicletas públicas y se venden cada vez más bicis particulares y se desempolvan aquellas abandonadas en bauleras y garajes para utilizarlas ya no sólo de manera recreativa, sino como una verdadera opción de transporte saludable (y hasta más ágil). En su primera visita, el joven periodista ruso ni siquiera tenía en mente en crear una organización para promover el uso de la bici en Moscú, una ciudad con 13 millones de habitantes y excesivamente conservadora. No fue hasta el año entrante, en 2010, cuando luego de recorrer Europa, con una fuerte cultura ciclista, volvió a Buenos Aires y comenzó a notar algunos cambios: muy cerca de la Floralis Genérica lo sorprendió un cartel que anticipaba para los próximos 2 años la construcción de futuras bicisendas. Fue entonces que comprendió que para iniciar el biciactivismo ruso no debía mirar a la desarrollada y vecina Europa de la cual sus compatriotas se sentían tan lejanos, sino que debía apoyarse en las experiencias y logros latinoamericanos que comenzaban a hablar de rediseñar las ciudades para las personas.

Tras la disolución de la Unión Soviética al inicio de los 90, explotó la venta de autos en Moscú sobre una infraestructura muy pobre en la que todas las avenidas conllevan al Kremlin y sólo cuatro anillos viales circunvalan la ciudad. Desde hace apenas cinco años comenzaron a desarrollarse otros tipos de transporte público alternativos al antiguo Metro (lo que sería nuestro subte), nuevos trenes –como el que va del aeropuerto al centro en apenas media hora cuando en taxi se puede demorar hasta 4 horas-, unos enormes colectivos (en los que se puede incluso llevar bicis abordo) que circulan en carriles exclusivos como el porteño metrobus o el bicing público, que allí funciona con un mínino abono anual (equivalente a 20 viajes en bus) y que otorga la primera media hora de uso sin cargo. Aquellas nuevas alternativas no sorprenden a Kumov, que por su experiencia ganada recorriendo toda América en dos ruedas hoy es asesor del Viceminsitro de Transporte Ruso, y que muchas de estas ideas las escuchó primero en países latinos.

Para Nadja y Olga ésta es la primera vez en Argentina y destacan la cantidad de chicas que ven pedaleando por Buenos Aires. Creen que indudablemente aquí las mujeres no sólo sienten más seguridad por los carriles protegidos frente al tránsito vehicular, sino que también notas la independencia que la bici le otorga en particular al género femenino.

Vladimir que se confiesa ya un enamorado de la Reina del Plata, dice que le gusta aún más ahora con el orden que impuso el Metrobus en la 9 de Julio, la disminución del ruido y la desaparición de las paradas ilegales de combis en cada esquina céntrica. También se entusiasma con el proyecto de Paseo del Bajo, que hoy vuelve algo caótica con obras la zona de Puerto Madero, pero encausará todos los camiones (algo imposible de ver en el centro de Moscú porque está prohibido el tránsito pesado desde la tercera circunvalación) en una autopista subterránea.

Como turistas, estos nuevos amigos rusos, con sus posteos en redes sociales nos ayudan a volver a ver el arte que se despliega en murales, en las calles palermitanas, estaciones de subte y hasta la importancia de honrarlas con nombres propios. También nos gustaría contagiarnos de su ingenuidad extranjera y confiar que puede ser posible el plan de la Red de Expresos Regionales con trenes atravesando toda la ciudad de manera subterránea, más allá de las realidades económicas y ciclotimias políticas de nuestro país. Tal vez. En definitiva, aquel cartel anunciando el uso de la bicicleta como un medio de transporte alternativo no sólo fue realmente premonitorio de un cambio que hoy se vive a pleno, sino que hasta inspiró a un ruso a pedalear entre la nieve moscovita.