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4 de noviembre de 2011

Viejas rutas y malas costumbres


Nuevamente un grave siniestro vial que deja varios muertos, muchos de ellos niños. Esta vez los protagonistas fueron un camión y una combi en la Ruta 7, en el tramo que va de Chacachuco a Carmen de Areco. El camión hizo tijera, el trailer se puso perpendicular a la ruta y fue impactado como una pared por una combi con exceso de velocidad. La ruta se encontraba, según señala Vialidad Nacional, en obra para justamente asfaltar las banquinas, inexistentes y con una diferencia de altura asfalto-tierra de más de 15 centímetros. Los medios, lamentablemente salvo raras excepciones, no paran de hablar de accidente y ruta trágica.
Como señala Gustavo Brambati, Subgerente de Seguridad Vial de Cesvi Argentina, la ruta 7 es una ruta internacional muy desactualizada: conviven dos sentidos sin separación de intensa circulación con camiones, máquinas agrícolas, automóviles, motos. En ese tramos se calcula que circulan 5500 vehículos diarios, siendo casi la mitad de gran porte. Bramabati también afirma que más allá de las faltas que cometen los conductores, que evidentemente existieron, la infraestructura vial ayuda poco y nada, además la señalización de obra es muy precaria y no funciona preventivamente, con tambores de chapa naranja que de por sí ya podrían generar otro siniestro. Los tambores deberían ser de plástico con material reflectivo o auto iluminados. Pero además, antes de que el conductor llegue a esa instancia, tendría que encontrarse con un refuerzo de señalización previa, así podría bajar la velocidad y estar preparado antes de llegar al lugar de la reparación.
Sin dudas, coincido con el CESVI, que incluso en 2008 hicieron un relevamiento de la ruta 7 y la calificaron con riesgo 4 sobre 5 el tramo que va desde Carmen de Areco hasta Chacabuco, y hay que terminar con la precariedad. Pero también es preciso que comprendamos que no podemos echarle toda la culpa al Estado por cada muerte. Sí es responsable de los enormes retrasos y fallas en infraestructura, pero las que van manejando son personas con libre albedrío. Los conductores deben adaptarse al estado del camino y las situaciones climáticas. Somos nosotros los que podemos decidir bajar aún más la velocidad para tener tiempo y espacio de reacción (lo que le fue imposible al chofer de la combi por circular como indican testigos a más de 130 km/h). Si uno va caminando por el bosque y tiene que cruzar un arroyo por un tronco porque no hay puente, lo hace con cuidado. Al conducir es lo mismo: no sólo hay que respetar las velocidades máximas (simple pero no se cumple), sino que hay que adaptar una velocidad precautoria, que permita tener siempre el dominio total del vehículo, además de intentar no viajar de noche, ni por más de 2 horas sin descanso.